lunes, 18 de febrero de 2013

BELGRANO: INTELECTUAL Y REVOLUCIONARIO



El miércoles 20 de febrero, se conmemoraron los doscientos años del triunfo patriota sobre el ejército realista en lo que sería la provincia de Salta. Será feriado nacional por única vez y es seguro que brincarán los opositores al gobierno, propenso a fomentar la haraganería, interpretan.
Manuel Belgrano, abogado, economista, traductor al castellano de Adam Smith, improvisado general, dirigió los triunfos contra los invasores realistas en Tucumán primero, 24 de setiembre de 1812 y la batalla de Salta cinco meses después, en la que derrotó a su ex condiscípulo en la Universidad de Salamanca, el general Pío Tristán. Durmieron en la misma habitación y el criollo fue novio de una prima de su transitorio compañero.
La Asamblea del Año XIII dispuso otorgarle 40.000 pesos que Belgrano donó para la construcción de cuatro escuelas, que solo una en el siglo XX se construyó. Los pesquisantes de corrupciones actuales, inventadas o ciertas, tienen para entretenerse si se introducen en la historia.
Pero además de intelectual, Manuel fue un desobediente genial: Bernardino Rivadavia, secretario del Triunvirato le ordenó que bajara al Río de la Plata para combatir a otro héroe: José de Artigas. Permaneció en el norte y triunfó, gesto que imitaría José de San Martín un año y medio más tarde. El morocho cuyo apellido lleva la calle más larga, se quedó con las ganas de satisfacer a sus amigos los ingleses y sus socios ocasionales los españoles. No es posible que haya olvidado que Belgrano, San Martín, Guemes y los pueblos norteños luchaban contra los invasores realistas.
La contrarrevolución se había instaurado en algunos políticos porteños. En esos años Gran Bretaña y España eran aliadas, en su lucha contra Napoleón Bonaparte. Si la revolución de los patriotas no avanzaba o se detenía, los dos imperios europeos se repartirían estas tierras. A Belgrano se lo obligó a no usar la improvisada bandera azul y blanca, creada por él, que sería el pabellón nacional dispuesto más adelante por la Asamblea del Año XIII. La historia lo reconoció como fundador de nuestro pabellón.
No menos importante fue como introductor de las ideas liberales en el Río de la Plata, entonces revolucionarias. Estudió al fisiócrata Quesnay y Smith en Europa y propuso, a través del Telégrafo Mercantil, primer periódico editado en Buenos Aires, la explotación de estas tierras por la agricultura y la ganadería, aplicando la teoría fisiocrática. En su formación académica en Europa se impregnó de los pensamientos de Rousseau, uno de los teóricos de la Revolución Francesa, Voltaire, Montesquieu y alcanzó a informarse de la surgencia de los socialistas utópicos. Propuso el proteccionismo económico para preservar la producción interna de la oferta inglesa y de su contrabando, la enseñanza libre y la libre expresión de las ideas. Contra el absolutismo monárquico aquellas ideas se presentaban rvolucionarias.
San Martín, Guemes y Belgrano fueron aliados e impulsaron la Declaración de Independencia el 9 de julio de 1816, ante la reticencia de algunos porteños, tratados con benevolencia por la historia oficial. A los grandes comerciantes del Río de la Plata y a los primeros terratenientes les interesó
más las relaciones comerciales e incluso el contrabando de personas de color, en combinación con los ingleses, españoles y portugueses, que el romanticismo revolucionario de los patriotas.
Perteneció a una familia rica, que pagó sus estudios en las universidades de Valladolid y Salamanca, desde las cuales apreció los contenidos de la Revolución Francesa, fundadora de la república democrática y de los derechos humanos. Retornó a Buenos Aires y fue designado primer secretario del Consulado e integró la Primera Junta el 25 de mayo de 1810. Con Mariano Moreno, Monteagudo, Vieytes, estuvieron entre los más esclarecidos revolucionarios más esclarecidos de aquella patriótica aventura.
Murió a los 50 años, en 1820 enfermo, abandonado y azotado por la pobreza. Ignorado por las autoridades de entonces. La historia parcial lo consagró general, quizá para que esa jerarquía taponara su condición de patriota cívico revolucionario con ideas innovadoras para aquellos tiempos. El homenaje del feriado le queda corto. Manuel Belgrano debe ser reestudiado.
Fue un libertador subversivo y culto.
Febrero 2013
Canono Elorza